domingo, 6 de octubre de 2019

Barack Obama, ¿Se puede qué, Mr Obama?, por Cristina Castello

 ¿Se puede qué, Mr Obama?

Gobierna desde la Casa Blancaconstruida por esclavos negros, como negra es su noble raza. ¿Barack Obama es el presidente de un país, o del mundo? ¿Dijo la verdad durante la campaña con respecto a Irak, Palestina, Guantánamo, Afganistán...? ¿Qué de palpable hizo, para detener los genocidios, durante estos seis primeros meses de gobierno?  ¿Mago, profeta, «sueño americano» redivivo, o continuador —con otro estilo— de las mismas políticas de su antecesor?
Juró sobre la Biblia, en la médula de la peor crisis financiera que rompió el alma del Wall Street desalmado y se extendió por todo el planeta; asumió en medio de dos guerras —invasiones, masacres—, que había emprendido su país, con su aliado Estado de Israel. El corazón desesperado de los desesperados de la Tierra la mayoría, se sintió renacer. Millones de personas de todas las geografías, creyeron que  había llegado el Mesías, para salvar sus vidas. La necesidad de creer, puede nublar la mirada.
¿Qué cambió desde el 20 de enero de 2009?
De hecho, el escenario. Que por fin George W. —a quien se espera que tribunales internacionales juzguen como «criminal de guerra»— haya dejado el Poder y que ya no gobierne un blanco, tiene fragancia de aire fresco. ¿Fresco, pero también puro? 
¡Es negro y es demócrata!, sonaba el himno que los cuatro puntos cardinales entonaban como una Oda a la Alegría, mientras Schiller se estremecía.
    Pero que el sólo  hecho de pertenecer a la raza de Luther King sea una esperanza, es irracional. Es negra Condolezza Rice, la mujer que más poder tuvo en los USA hasta 2009 y que, entre otras bondades, autorizó las torturas. Es negro Colin Powell, militar de alto rango, una de las estrellasde la primera invasión a Irak (operación «Tormenta del Desierto») e instigador de la segunda, en el marco de la llamada guerra global contra un supuesto terrorismo.
¿Pertenecer al partido demócrata es un voto al futuro, al bien y a la paz? Bill Clinton  decidió el bombardeo de Somalia en el ’94 y el de Irak en 1998, y fue quien pergeñó la mentira de las armas de destrucción masiva: un guante, a la medida de las garras del diabólico Bush Juniors. Y Clinton es demócrata. Cosas vederes Sancho, que non crederes.                                
  Obama: ni moreno ni demócrata. Decimos Obama a secas. Obama según sus actos. Obama, sin el prejuicio de los ojos que lo miran porque necesitan creer.
Prometió poner fin a la masacre en Irak, sí, pero —pragmático el hombre—, uno de los motivos fundamentales que esgrimió para el fin de la masacre, fue el de no gastar el dinero en esa guerra, en esa invasión sangrienta: las vidas invadidas, las vidas aniquiladas no eran su desvelo. Y ya en 2008 había hablado de dejar Irak, para  garantizar la seguridad nacional yproteger del peligro ... al Gigante del Norte.
Lo dijo durante la campaña pero pocos quisieron escuchar;  la mayoría necesitaba una ilusión, o le interesaba más la propia vida que la de la humanidad. La mayoría  tampoco se percató de que había prometido terminar el retiro de las brigadas de combate, sí, pero recién en 2010.
¿Será que el señor Barack desea que los soldados yanquis se quedan en las tierras iraquíes para reinventar la gloriosa Biblioteca de Bagdad, que su patria bombardeó el 2 de febrero de 2007? ¡Vamos! Estamos hablando de la mayor potencia mundial. Irak, hoy 2009, sigue bajo la bota de los Estados Unidos.
 Mientras tanto, en su visita a aquel país, el presidente moreno se solazó con el saludo a cada combatiente  americano,  y enfatizó sobre el «enorme trauma» que significaba la muerte de casi 3.000 norteamericanos en un día.  De los millares de muertes, torturas, destrucciones y orfandades de los iraquíes, no dijo ni una palabra. 
El lenguaje crea mundos, ¿qué mundos crea el lenguaje?
En su discurso inaugural, definió a su país: « En vez de ofrecer una visión que compita con la de demagogos como Hugo Chávez, nos hemos cruzado de brazos». Quiso descalificar a su enemigo, el dictador de Venezuela, con lo cual le dio entidad. Pero, más allá  de eso, importa destacar que reconoció claramente el vacío de una visión, la carencia de los valores que deberían dar sustento a una nación para que merezca ese nombre.
Como contrapartida, agradeció a su ex rival McCain, por cuánto «ayudó a esta América». ¿Elogios para el candidato republicano que había dicho de sí mismo: «Soy un criminal de guerra: bombardeé mujeres y niños inocentes en Vietnam»? ¡Vaya!

Palestina,
Tierra mítica, tierra ultrajada

Palestina, mítica. Tierra Santa diezmada por el invasor. Para no remontarnos más lejos, vamos a 1947. Las Naciones Unidas, con los más sucios artificios, entregaron a Israel el 57% de la tierra palestina, aunque su población sólo alcanzaba al 30%.  Veinte años más tarde, Israel contrarió la legislación internacional que le ordenaba retirar sus fuerzas de ocupación, y se quedó. Guadaña en mano, arrasó la vida de miles más miles de seres humanos.
En el Holocausto nazi murieron cerca de  6 millones de judíos, y aproximadamente  otros 6 millones de personas, entre soviéticos, polacos, alemanes, gitanos, franceses, prisioneros políticos, librepensadores, discapacitados, homosexuales... El fin de aquel espanto consumado por el Hitler, fue el golpe de gracia para la creación del Estado de Israel, en mayo de 1948; y desde entonces, se convirtió en un semillero del horror.  Ocurrió la primera guerra árabe-israelí, y empezó la ocupación de los territorios robados. De la mano de los USA, se erigió como una gran potencia de Poder y engendró en Palestina, en la Franja de Gaza y en el Líbano, el Holocausto  que gran parte de su pueblo había padecido.

La América rubia sigue hoy financiando a Israel con unos 3.000 millones de dólares anuales, más otros miles de millones como caja chica. Dólares que compran armamentos para matar y ultrajar. Dólares que pagan con sus impuestos,  los cada vez más desamparados ciudadanos.
Con el pte. ultraderechista de Israel,
Benjamin Netanyahu 

Según el manifiesto del partido que dirige Netanyahu, primer ministro israelí, «los palestinos pueden dirigir sus vidas libremente en el marco de una autonomía, pero no como estado independiente y soberano».
      Dicho simplemente: los desvalijaron de independencia y libertad y Jerusalén se convirtió en la capital robada a Palestina por el Estado de Israel, que contradice toda legislación y carece de todo sentido humano. Pero... ¡cuidado!, a quien se le ocurra hablar  en contra de semejante aberración, será tildado de antisemita, aun si es judío.
En marzo de este año, Obama bendijo a Israel: criticó a quienes «lo creen culpable del  conflicto de Medio Oriente [sic], y no ven la ideología perversa y llena de odio del islamismo» . Y a comienzos de junio pasado, portando sobre su estatura los ojos y la esperanza del mundo, visitó Oriente.
¿Qué pasaría con su viaje? ¿Acaso cambiaría la historia? El lenguaje crea mundos, estaba dicho. ¿Qué mundos crearon las palabras de Obama?  Sólo el de los gestos e  indefiniciones expresados con firmeza, como si fueran grandes dogmas.
    Por cierto que, comparado con Bush Jr., hubo un cambio: un cambio de estilo, nada más.
 En enero de 2009 decretó el cierre de Guantánamo, cárcel que es un verdadero campo de exterminio; allí viven —o esperan la muerte— 220 prisioneros, la mayoría de los cuales no están procesados.  Fue una de sus dos primeras decisiones como presidente. Pero el Senado rechazó el pedido de 80 millones de dólares necesarios para llevar a cabo esa medida, y se opuso a encarcelar o liberar en Estados Unidos a cualquiera de los  prisioneros.
Obama dice, ahora, que esto tomará cierto tiempo, mientras continúa el martirio de los presos en ese no lugar, en la prisión de Diego García —a la que ni siquiera nombró— y en otros centros de detención de la CIA.
Su otro primerísimo decreto, fue el de terminar con las torturas, inmediatamente. Después  desmintió que en su país se practicara ese oprobio, y se opuso a que una comisión investigue a los responsables del gobierno de George W. Bush, quien legitimó los suplicios a los prisioneros.  Se negó a divulgar las fotografías que muestran prácticas de tormentos concebidos por mentes satánicas; su argumento fue que los torturados pondrían en peligro las tropas estadounidenses en el exterior.
«Les pido creer», dijo y lo registró en su sitio Web. Creer... ¿En qué?
    La decisión de recuperar los «tribunales militares» secretos para los prisioneros extranjeros, es visto como parte de una política desmilitarización. Y la designación del General Stanley McChrystal como jefe del mando militar estadounidense y de la OTAN en Afganistán, se oponen a sus promesas y a la ética más elemental; McChrystal es un profesional de la tortura y de la creación de escuadrones de la muerte, en el exterior.
Mientras tanto, porque  la Casa Blanca tiene la mira puesta en el dictador Hugo Chávez, en la región de Arauca (Colombia), en la frontera con Venezuela, hay mercenarios de EEUU, para vigilar el proceso venezolano.  Así lo denunció Martín Sandoval, presidente del Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos en aquella zona. Fuertemente armados, ¿estarán tratando de cazar pajaritos? 
No, pero todo fue sólo un gesto: jamás osó defender al sacrificado, hambreado, perseguido y masacrado pueblo venezolano.
Barack Hussein Obama. ¿Mago, hacedor de milagros, profeta?  Simplemente un hombre que cree que «Sí, se puede».
«Se puede», ¿qué? Mr. Obama 
Se puede, ¿qué, Mr. Obama? 
Cristina Castello, publicado en revista "Open", México en septiembre de 2009





lunes, 30 de septiembre de 2019

La Patria- Julio Cortázar


Esta tierra sobre los ojos,
este paño pegajoso, negro de estrellas impasibles,
esta noche continua, esta distancia.
Te quiero, país tirado más abajo del mar, pez panza arriba,
pobre sombra de país, lleno de vientos,
de monumentos y espamentos,
de orgullo sin objeto, sujeto para asaltos,
escupido curdela inofensivo puteando y sacudiendo banderitas,
repartiendo escarapelas en la lluvia, salpicando
de babas y estupor canchas de fútbol y ringsides.

Pobres negros.

Te estás quemando a fuego lento, y dónde el fuego,
dónde el que come los asados y te tira los huesos.
Malandras, cajetillas, señores y cafishos,
diputados, tilingas de apellido compuesto,
gordas tejiendo en los zaguanes, maestras normales, curas, escribanos,
centroforwards, livianos, Fangio solo, tenientes primeros,
coroneles, generales, marinos, sanidad, carnavales, obispos,
bagualas, chamamés, malambos, mambos, tangos,
secretarías, subsecretarías, jefes, contrajefes, truco,
contraflor al resto. Y qué carajo,
si la casita era su sueño, si lo mataron en
pelea, si usted lo ve, lo prueba y se lo lleva.

Liquidación forzosa, se remata hasta lo último.

Te quiero, país tirado a la vereda, caja de fósforos vacía,
te quiero, tacho de basura que se llevan sobre una cureña
envuelto en la bandera que nos legó Belgrano,
mientras las viejas lloran en el velorio, y anda el mate
con su verde consuelo, lotería del pobre,
y en cada piso hay alguien que nació haciendo discursos
para algún otro que nació para escucharlos y pelarse las manos.
Pobres negros que juntan las ganas de ser blancos,
pobres blancos que viven un carnaval de negros,
qué quiniela, hermanito, en Boedo, en la Boca,
en Palermo y Barracas, en los puentes, afuera,
en los ranchos que paran la mugre de la pampa,
en las casas blanqueadas del silencio del norte,
en las chapas de zinc donde el frío se frota,
en la Plaza de Mayo donde ronda la muerte trajeada de Mentira.
Te quiero, país desnudo que sueña con un smoking,
vicecampeón del mundo en cualquier cosa, en lo que salga,
tercera posición, energía nuclear, justicialismo, vacas,
tango, coraje, puños, viveza y elegancia.
Tan triste en lo más hondo del grito, tan golpeado
en lo mejor de la garufa, tan garifo a la hora de la autopsia.
Pero te quiero, país de barro, y otros te quieren, y algo
saldrá de este sentir. Hoy es distancia, fuga,
no te metás, qué vachaché, dale que va, paciencia.
La tierra entre los dedos, la basura en los ojos,
ser argentino es estar triste,
ser argentino es estar lejos.
Y no decir: mañana,
porque ya basta con ser flojo ahora.
Tapándome la cara
(el poncho te lo dejo, folklorista infeliz)
me acuerdo de una estrella en pleno campo,
me acuerdo de un amanecer de puna,
de Tilcara de tarde, de Paraná fragante,
de Tupungato arisca, de un vuelo de flamencos
quemando un horizonte de bañados.
Te quiero, país, pañuelo sucio, con tus calles
cubiertas de carteles peronistas, te quiero
sin esperanza y sin perdón, sin vuelta y sin derecho,
nada más que de lejos y amargado y de noche.