sábado, 29 de diciembre de 2018

María Elena Walsh: «Nos estamos quedando sin alma», Por Cristina Castello

Foto: Sara Facio



*“Soy autoritaria en lo elemental. Creo que quienes no piensan como yo son burros o que a quien no le gusta mi película es un idiota"
* “En general, sólo doy cuando me piden”.
* “Escribo para no volverme loca, o a lo mejor me vuelvo loca cuando escribo”
* ¿En qué calle queda la Justicia? “Si  la ve, avíseme"
* “Parece que ahora nos olvidamos de la violencia de la subversión y de los muertos que causó. Era muy sangrienta. Había que equilibrar un poco las cosas” (en relación al golpe de Estado y a las masacres del 76-83 en Argentina)
* “(Con la Junta Militar) Alguna concesión había que hacer. Además, no hay que humillar, ni ofender, ni insultar al enemigo.”
* ¿Quién leyó, pero de verdad y a fondo, “El país jardín de infantes”?, me pregunto yo, c.c.
                   
Breve Walsh. Escribe corto y habla corto. Independiente, pensamiento propio. Polémica siempre.  Lúdica. Juega con sílabas y con palabras. Aún cuando descubre que el dolor es sinónimo de soledad, por intransferible. A seguir…  "la tristeza es pecaminosa".
         Abomina de  la corrupción, del despilfarro y de la estupidez y reivindica una vida sin estadísticas.   Y aunque escriba sobre un Mozart con jubilados en Plaza Lavalle. O se interne en los laberintos de Chaplin o de Disney. O recuerde que Manuelita vive en Pehuajó y cante al sol como la cigarra, está hablando de ella. Siempre se pinta el mismo cuadro. Entonces  la Hormiga Titina es una pincelada. Y sus definiciones para esta entrevista, otras.
         Que "lo light es la intención de que no pensemos, porque nos convierte en subversivos". Que "la pobreza es un mal endémico en la Argentina". Que "lo peor, hoy y aquí, es la agudización de las diferencias sociales". Que la brecha entre ricos muy ricos y  pobres, enriquecidos de penuria… que: pinceladas.
Pinceladas del mismo cuadro.
De María Elena Walsh.
         "Nos estamos quedando sin alma", escribió. O pintó.  Breve. ¿Será porque de su madre heredó el silencio?

 .¿Por qué escribe?
- No le vua decir...
- No le gustan las entrevistas...
- No,  odio el autobombo y  no me gustan  los exámenes, ni los interrogatorios.  En una palabra, no  soy dada a hablar. Escribo.
               -¿Escribir la revela?
               - Sí, me revela esas cosas que  quiero callar, me permite conocerme y descubrir la                                            realidad. Escribo para no volverme loca, o a lo mejor me vuelvo loca cuando escribo.
- ¿Y qué lee?
- De todo, pero mi pasión inagotable son los diccionarios.
Con Julio Cortázar

- Todo con la cabeza. ¿Le gusta su cuerpo?
- No, siempre me resultó incómodo. Me veo torpe,  grandota y desabrida, como mis tías inglesas. Esa es la realidad.
- “Realidad”, dicho así y por usted,  me suena a pragmatismo. A discurso único…
-  Pero la realidad es una trampa interesante.
- Pocas palabras y con códigos, ¿cómo hace con su terapeuta?
- Precisamente, cuando uno siente que el otro piensa como uno, empieza a  manejar sobrentendidos. Los otros días le preguntaba: ¿esta depresión dura como el "Proceso" (Golpe de Estado en Argentina en el período 76-83)?
- ¿Su depresión es enfermedad o estar triste?
- Yo tengo depresión, como enfermedad. Significa estar cansada, desconcentrada, irritable. Y peor aún,  es no entender nada de lo que leo. Es difícil.
- Y difícil el dolor. Usted tuvo cáncer, ¿pudo olvidar?
- No,  la capacidad de olvido del dolor físico es maravillosa, pero el trauma psíquico no se olvida jamás.
 - ¿Quienes sufrieron dolor, lo aguantan menos, tienen un umbral de resistencia más bajo?
Sí,  uno  siempre lo aguanta menos que la vez anterior. El dolor no crea jurisprudencia.
             - ¿Soporta  que alguien  no la sacralice como una suerte de  voz de la conciencia pública?
- Lo que no soporto es que me sacralicen. Aunque quizás la   fama me molesta y la indiferencia me mataría. Pero no soy como Maradona; no  creo haber nacido  en Belén.
            - ¿Por qué no tuvo hijos?
- Porque no tuve vocación de madre. Me espantaban el embarazo, el parto, y eso de andar con el atadito al hombro.
              - ¿Amó con intensidad?
- No sé, la pregunta me supera.
             -¿Y la amaron  como amó?
           - Sí, me compliqué la vida con ímpetu.

  La vida de María Elena Walsh. Parada sobre sus sesenta y cuatro,  sin bastón. Bautizada pero no creyente. Fármacos y un terapeuta  que está de este lado de la vida,  para las depresiones. Un whisky o una cerveza alguna vez. Pero no como su tío abuelo Charlie, un atorrante que “le daba a la botella”.   Especialista en zapping, cuando la tele -que "es un carnaval"-  da actualidad o películas. Curiosa.
                     Y precoz. Parada sobre su precocidad, a los cinco leía, trepada a la higuera de su casa en Ramos Mejía. Mamelucos para escalar árboles y vestiditos bordados, para el té de las cinco con sus tías inglesas: un cuadro de Monet. Amor por los libros y por la tradición inglesa: herencia de Enrique, su padre. Hombre de clase media, leído. Leída ella, viajada, y escriba. Poeta.  Guionista de tevé, dramaturga, cantautora para niños. Y opinadora,
        Parada sobre su lucidez, a los quince publicaba poemas en “El Hogar” y en “La Nación”. Y tenía padrinos: Pablo Neruda, Eduardo Mallea y Juan Ramón Jiménez. Muchos  poetas y escritores de entonces, deslumbrados con ella.  Y claro. Entre los once y los catorce había leído Shakespeare, William Blake, todo el Siglo de Oro Español, Pedro Salinas -"un poeta siempre náufrago"- y se había enojado con Erza Pound porque le parecía de difícil lectura. Publicó "Otoño imperdonable", a los diecisiete,"Apenas viaje a los dieciocho" y "Baladas con ángel", a los veintiuno. Y egresó de Bellas Artes a los 18, con un puñado de semillas: las nociones de arte y estética.
         Precoz. Y se enamoró. Y a los veintidós, erguida sobre su precocidad, a París. Época de oro del Music Hall, noches de artistas.  A cantar, con Leda Valladares. Y sin él. Sin “su” él.

              - ¿Por qué París?
- Para escapar.
               - ¿De qué?
- Del peronismo de características fascistas que hubo después de la muerte de Evita. Era censor y corrupto; un régimen militar que nos sometía  a una virtual guerra civil.

            - Estaba enamorada. ¿Lo dejó?
- Sí, el enamoramiento es un motor potente que  da  energía, pero esa energía se puede poner en otro lado. Huí de él.
- ¿Con qué alma se deja a quien se ama?
- Es cierto,  fue un amor muy fuerte. Inevitable. Pero me recortaba y me encerraba. Me quitaba libertad.
             -  ¿Usted tiene alas?
- No, no sé qué es eso.
              - “Él” fue el escritor Miguel Angel  Bonomini, ¿y en poesía, quién fue el primer amor?
- Gustavo Adolfo Bécquer y me sigue gustando a pesar de las pavadas que se dicen de su poesía.
            - ¿Buscaba identidades en los poetas que conoció?
- Sí, eran los modelos. Además, influía la cuestión política; los que no habían sido mártires -hablo de los que conocí- eran los exiliados de la Guerra Civil Española. Eran brillantes,   estrellas. Y yo era muy cholula.


         Ya no más cholulismo ni madrugadas. Ya no practica la noche, como cuando cantaba. Duerme. De puntillas, como lo hizo a los dieciocho, ojos abiertos a la vida, para no despertar a Juan Ramón Jiménez. Él la  había invitado a Washington como homenaje su poesía joven y no era cosa de molestarlo.
  Hoy,  ojos abiertos  a las nueve aeme. Y a callejear: siempre le gustó.  Camina todos los días. Y nutre ilusiones de hacer cosas bellas. ¿Por la eternidad de la belleza?, digo.
 Firma autógrafos,  en libros o en folletos. No en papelitos. Y se pregunta en qué calle queda la Justicia: "si la ve, avíseme". Y se indigna con la publicidad comercial, "esa plaga espantosa, obscena y repugnante". Y con que los jubilados y los niños sean" las mayores víctimas en el país". Y no se explica cómo la gran mayoría sobrevive, en el ajuste.  Y tiene cara sin cirugías, pero entiende que muchas personas las necesitan como aspirinas.       
         Con una mirada  que busca otros costados de la vida, parada sobre sus neuronas, piensa. Y opina. Y es opinadora. Tiene derecho, como todos. Y todos, el derecho de estar o no de acuerdo con María Elena Walsh, pensadora.

              - Pensadora, ¿siente responsabilidad por sus opiniones?
              - No, siento responsabilidad ante la belleza pero  no ante el público.
- Pero el público son personas y toman a personas como usted como referencia...
             - Y bueno, pero yo  no soy ninguna guía social. Tengo  un mínimo de inteligencia, que me                          permite percibir ciertas cosas y juzgarlas. Nada más.
            - Pero hizo notas que golpearon la conciencia pública....
- Sí, sobre todo "Desventuras en el País-Jardín-de-Infantes" (1979) y "La pena de muerte" (1991) y no sé por qué tuvieron tanta repercusión. Es un misterio, una cuestión de oportunidad.
          - ¿"Desventuras..." es un alegato en favor de la libertad?
-     Sí.
-Pero usted defendía sólo la libertad de expresión. No olvido un fragmento de aquella nota, donde usted escribió: “que las autoridades hayan librado una dura guerra contra la subversión y procuren mantener la paz social son hechos unánimemente reconocidos...
-          Sí, era así.
- Señora, su texto sigue así: ...no sería justo erigirnos a nuestra vez en censores de una tarea que sabemos intrincada y de la que somos beneficiarios.”¿Beneficiarios de un golpe de Estado, de las desapariciones, de las muertes, sin juicio alguno?
             - Sí,  pero parece que ahora nos olvidamos de la violencia de la subversión y de los muertos                  que causó. Era muy sangrienta, y entonces había que equilibrar un poco las cosas.
              - Usted habló de guerra...
            - Sí, de los subversivos tomé  el término. Ellos  querían ser un ejército irregular;
                y a Firmenich le hubiera encantado andar con galones. Es un milico. Y bueno...yo era un                       poco el vocero de aquel lenguaje. Por eso escribí "guerra".
- También en referencia a los dictadores, en “El País....”usted agradeció a los golpistas del“proceso” que actuaran por “bien atendibles medidas de seguridad”...
- Sí, pero alguna concesión había que hacer. Además, no hay que humillar, ni ofender, ni insultar al enemigo.
- Comprendo señora, ¿cómo son hoy Menem y Alfonsín?.  
- Son iguales. Dos extravagantes: puro discurso, muchachismo y comité. Y son iguales el radicalismo y el peronismo;  están fuera de la realidad.
- Bueno, hay diferencias notables, los peronistas están detrás de todos los golpes…
- Para mí son todos iguales.
              - Perdón, ¿es usted  soberbia?
- Ya no. Incluso valoro mucho mi propio silencio. Ante ciertos temas prefiero callar.
             - Algunos intelectuales están sólo para las "grandes" éticas. ¿Trata usted bien a las personas                   en                 la calle?
- Sí, y si no, no es  por soberbia. Será que quienes se me acercan, a veces me hinchan porque son pesados. O que me duele la muela o que estoy depresiva o    con mal genio.
             - ¿Le molesta firmar autógrafos?
- Me gratifica el afecto pero me cansa un poco. Porque algunos son  sinceros pero otros muy mecánicos.
             - Hay personas autoritarias del no autoritarismo. ¿le pasa?
- No se me había ocurrido. Pero no,  no me pasa. Salvo en lo elemental. Creo que quienes no piensan como yo son burros, o que a quien no  le gusta "mi" película es un idiota.
- Usted dice que sus amigos tienen que tener sentido del humor. ¿Entonces?
- (Se ríe) Sí, ahí está mi dosis de autoritarismo.

         Autoritarismo, palabra cuadrada, filosa.  Parada sobre su infancia que está cerca, ella  prefiere las palabras ahora conjugar las de su infancia. Marambú, Bambuco, Gulubú. Ges, bes y emes. Letras redonditas, como los afectos, cuando escribe para chicos. Globitos y aromas del tiempo niño.
Y "celadores" (eufemismo por el terrorismo de estado  del '76-'83), o una humanidad que "retrocede en cuatro patas" -imagen de animalitos (con la pena de muerte), para señalar  en “ese” punto las atrocidades de los adultos. Con ternura hasta donde duele, con ironía... ¿amarga?
         Pero no llora nunca. Salvo en las etapas lloronas de la depresión. Si no: el humor. Zapping en el humor negro, en momentos trágicos. Zapping en el humor para seleccionar amigos.  Y zapping  en  chistes  tontos: en los de músicos, cuando va a las reuniones de SADAIC, como vocal.
         Allí o en cenas con amigos, o la única vez que fue a una cancha de fútbol, está con su equipo deportivo: vestimenta habitual.  Pero tiene otros rubros. Agazapados en algún lugar de su placard, hay dos collares de amatistas y otro con diseño merovingio. En espera de su coquetería. Que la tiene.

              - ¿Y con el dolor por su enfermedad y su miedo, cómo quedó su coquetería?
             - Mal... mi cabeza  ni siquiera era una bocha... ni siquiera se cayó del todo el pelo. Era un                        horror.
             - Y la dependencia y la intimidad, expuestas...
- Terrible. Pero lo peor es el miedo a la muerte.

         Fue cáncer de fémur y, simultáneamente, su actitud de dureza. Ante el espanto. ¿Temor de que no la quieran más? No. Ocultó  la angustia,  porque  la avergonzaba el  deterioro del cuerpo. “Una piedad infinita se esconde en el corazón del amor”, escribió William Yeats. Y así lo creo, con piedad infinita.
Se lo  descubrieron recién después de dos años de penurias y más de diez médicos recorridos. De los "mejores". “Vaya, no importa, son nervios, ya va a pasar”, le decían. 
Y Pasó, después de cinco operaciones aterradas de cáncer. Y del dramatismo de  los post operatorios de traumatología: dolor, fierros en el cuerpo, invalidez, sillas de ruedas, muletas, bastones. Y dependencia, falta de libertad.  Que es mucho. Vaya que sí.
         Pero pasó… aunque las cicatrices espirituales permanecen. Mujer  de libros, cigarrillos  y  viajes. De no cocinar, salvo guiso de lentejas como homenaje  a un amigo. De comer  empanadas, guisitos, milanesas, un bife y ya está. De ir y volver por el mundo, con una prótesis -ni se nota-  en aquel hueso malo. De  decir  palabras. Decencia-derechos humanos-libertad-democracia. Le encantan. Y ahí están de nuevo, en sus dos últimos libros. "Desventuras en el País-Jardín-de-Infantes": compilación de muchas de sus notas periodísticas, entre ellas la del pico de tensión en esta charla. . Y "Novios de Antaño", una travesía por sus primeros diez años de vida. Libros. Y de estos libros y de los anteriores,  vive, viste, come y calza.

  - ¿Cómo se lleva con el dinero?
- Ahora bien, pero no siempre fue así.
              - ¿Alguna vez fue pobre?
- Mi familia fue pobre y no pudo mantenerme, ni protegerme económicamente. Pero agradezco porque  me hice más independiente.
             - ¿Mantuvo el equilibrio cuando empezó a ganar dinero?
- Fue  difícil. Empezó la culpa típica de los artistas: por qué a mí y por qué yo tengo tanto. Y empecé a repartir y a regalar, como para sacármelo de encima. Ahora tengo una relación más equilibrada, pero siempre está eso de regalar algo si me compro alguna cosa. O si  me piden, doy.
            - ¿No da si no le piden?
- No, en general, doy si me piden; si no, no doy.
 - ¿Ahora tiene dinero?
- Afortunadamente  vivo  muy bien, exclusivamente  de mis derechos de autor. Es un milagro que le debo a mi país.
              - ¿Es generosa con su mucama, le paga bien?
- Soy justa.  Le pago bien y le regalo alguna cosa. Y también soy distante pero con mucho afecto.
              -Regalos de su casa donde aparecieron cosas volátiles y una extraña alfombra de luz y donde               la radio  que se prendía sola...
- Sí, fue mientras escribía la "Carta a Mozart", que publiqué en el diario "Clarín". Es absolutamente verdad:dos radios se encendían solas,desaparecían las aspirinas, volaban papelitos, se caían los almohadones...y aquella alfombrita de luz. Ahora cuando me levanto de noche siempre me fijo, pero  nunca la veo.
 - ¿Qué habrá sido?
- ¿Cómo "qué habrá sido". Mozart estuvo en mi casa. Y puedo asegurarlo

                            Cristina Castello, en “Viva”, revista dominical del Diario “Clarín” - Buenos Aires – Argentina, 14 de junio de 1994 (sigue abajo....)

Walsh según Walsh

Obstinación: A los cinco. Quiso llegar a Río Ceballos, desde Unquillo, en una burra que caminaba marcha atrás.
Después de los 25: Más libros. "Casi Milagro" y "Hecha a mano". Y los dos últimos (ver cuerpo de la nota) Y para chicos: "Tutú Marambá", "El reino del revés", "Zoo loco", "Dailan Kifki" y "Cuentopos de Gulubú".
Nostalgia: Solamente de su almohada, mediana y fiel, cuando viaja.
Letra y acordes: "Canciones para mirar", "Doña Disparate y Bambuco"... y siguen las firmas.
Gato Félix. "Renace de sus cenizas como el gato Félix" escribió en una humorada, por ave fénix. Uno de estos políticos modernos que no leen nada, creyó que era cierta y la hizo suya.
Premios: muchos. El Municipal de Poesía, el de Honor de SADAIC y el del Fondo Nacional de las Artes. Y hay más.
Sarcásticos: Sus recitales para ejecutivos, en el '68.
Abrazada a un rencor: Razón por la que no va a la tele. La echaron como autora.
¿Amor para siempre?: "No, todo pasa. Todo".


En Revista "Viva" (Clarín), 1994


domingo, 2 de diciembre de 2018

Borrador a manera de síntesis: G20: Enorme triunfo- Cristina Castello




---10 puntos la organización.
---Mauricio Macri tuvo 17 bilaterales
---No hubo incidentes: perfecto el manejo de la seguridad.
   Patricia Bullrich
---El mundo dijo que fue uno de los mejores G20
---Trump y Xi avanzaron en destrabar la guerra comercial
---Mauricio Macri 30 firmó 30 acuerdos con Xi Jinping
---Hizo otros acuerdos con Estados Unidos y con Francia
---Con Rusia firmó otros acuerdos pesqueros
---Hubo un acuerdo entre Argentina e India para incrementar el proceso de intercambio comercial, “en especial de productos de PyMEs argentinas con capacidad exportadora y acelerar los acuerdos para la exportación de litio argentino al gigante asiático”
---El Canciller Jorge Faurie y el Embajador alemán firmaron una “declaración de mutua protección de inversiones. Además, Alemania, confirmó la voluntad de expandir su presencia en proyectos de infraestructura, energía, logística y transporte".
- Y hay mucho más
-- Mostramos al mundo nuestro país, su belleza, sus riquezas, su cultura
-- El ESTILO de nuestro gobierno: sobrio, elegante sin ostentaciones, pues la elegancia no las admite.

Aplaudo de pie y rechazo toda teoría conspirativa, como ya circulan y vienen de los K y toda la “oposición”; así como rechazo mucho del trabajo periodístico que se hizo: no todo, pero mucho, me pareció paupérrimo

*Detesto el exitismo, por eso digo "triunfo"

Cristina Castello, no es nota; son palabras al pasar
02/12/2018

viernes, 30 de noviembre de 2018

Álvaro Zicarelli entrevista a Cristina Castello y a Silvia Mercado con Cristina Castello




Programa  «La semana» @lasemana947
Semanario de actualidad política, económica y social argentina.
Radio Zónica @RadioZonica
Conducción:
Álvaro Zicarelli 
@alzicarelli 
Colaboración:
Bruno Ané
Fecha: 21/11/2018



1.- Álvaro Zicarelli entrevista a Cristina Castello: 
Periodismo con responsabilidad social
En el programa: ritmo, contenido, profundidad, buenas preguntas. 

  Ver AQUÍ 14 minutos 30

2.- Álvaro Zicarelli entrevista a las periodistas Silvia Mercado @SilMercado  y Cristina Castello @CrisCastello01 
La política al rojo vivo- Argentina 2018- 2019.


Ver AQUÍ
14 minutos 30



martes, 27 de noviembre de 2018

Cristina Castello o la potencia de la vida, con Arturo Cavallo en «Mañana, Tarde y Noche»,

Nuestra entrevistada de hoy, es Cristina Castello, periodista desde hace más de treinta y cinco años (gráfica, radio, tele) y poeta de nacimiento (publica en París). Franco-argentina.
Argentina por nacimiento y por amor; y francesa por elección y por amor.
El propósito de esta emisión de «Mañana, tarde y noche», no fue –por ahora- que nos contara anécdotas o historia secretas de sus más de 4000 entrevistas periodísticas; y tampoco que nos hablara de su poesía. Queríamos que nos contara la vida. Su vida; su vida como resiliente. 


      Pulsar AQUÍ para la Parte I : el golpe de Estado

«Somos lo que escribimos. Somos lo que decimos lo que hacemos, somos la intensidad de nuestro compromiso con la vida. Somos las semillas que plantamos; somos la huella que dejamos en nuestros demás», nos dice Cristina.
Quisimos conocer su vida como resiliente, sí. 
¿Por qué? Cristina Castello sostiene que «no se sale impunemente de las experiencias terribles; de la belleza terrible o de la belleza terrible» (Rilke dixit). Está convencida de que esa experiencias, son zonas de fractura, hitos, instantes que pueden ser eternos, y a partir de los cuales hay «un antes y un después». «Se sale mejor o peor, nunca igual», nos dice, «según la sustancia interior de cada uno». 
Y vaya si Cristina conoce de esos instantes-eternidades. Hubo muchos en su vida, pero, los fundamentales, fueron tres.
Pulsar AQUÍ para ver Parte II: el accidente
- El golpe de Estado de 1976, que la encontró en Córdoba, donde con ojos muy jóvenes, veía cómo la democracia se masacraba, al mismo tiempo que se masacraban vidas; si bien, de todos modos, es consciente de que –antes y con un gobierno elegido democráticamente (Perón-Isabel), también se masacraban vida, mientras la democracia era sólo un nombre.

- Otro instante/eternidad, fue para Cristina un accidente de tránsito (1987) –ella viajaba en un taxi- que fracturó su cuerpo delgado en dieciséis partes. Dos años inválida, cuatro operaciones, y aquellos dolores, aquel dolor. Aquel. Por alguna «Gracia», dice, su ser interior se mantuvo entero, de pie, al acecho de siempre más vida. 

- El otro instante/eternidad, modificador, definitivo y definitorio, fue el Amor. «El amor total, el único, el sublime, el que pocos tenemos el privilegio de conocer», nos dice. Y nos cuenta.
Una charla de una hora, que se fue en segundos.
Y una mariposa negra de alas caladas, al fin de la charla, evidencia ella, de que –para Cristina Castello- el Amor puede ser y es eterno.

Pulsar aquí para la Parte III: el Gran Amor

Arturo Cavallo, una vida, una trayectoria y
Mañana, tarde y noche

En el ciclo MTN " Mañana, Tarde y Noche", que comenzó en febrero de 1984 en la entonces estatal LR3 Radio Belgrano AM 950, en las 12 horas. de la radio , los domingos de 9 a 21 ,
en la etapa de Daniel Divinsky como interventor designado por el Presidente Alfonsín.
MTN es un programa de interés general, con SEGUIMIENTO de temas, buscando las coincidencias y contrastes del pasado y del presente , como ejercicio ciudadano
Te invitamos a visitar nuestro sitio AQUÍ 
Una consultora nos evalúa desde hace 9 años a través de 8 servidores internacionales y nos alegra compartir que llegamos entre 26 a 30 países
Además , emitimos por Radio Sentidos
en HD con 3 cámaras , desde hace 10 años líder en emisoras onlineTV
Operador Alejandro Boeris
Por AM 1010 Radio Onda Latina 19 años en el aire ,
en otros días y horarios por diversas AM / FM y radios online TV de provincias y del exterior .
Temas que charlo en el ciclo Tangos Para Vivir Mejor de Gloria Cristina Bilbao Calcaterra , desde 2009 en el aire , ahora por FM Gran Rosario , con Lilian Gayoso y en la operación técnica Cristián Pozzo , los martes hora 20 .

jueves, 5 de julio de 2018

Antonio Seguí: «Cuando sea grande»", por Cristina Castello

Foto: Ramón Puga Lareo
«Mientras existan hombres que tengan las mismas
necesidades que las mías, la pintura existirá»


 Seguí tiene humor, ironía y agudeza. Como su obra, desde donde nos miran enanitos mandones de opereta, en un mundo donde el humor es tan sólo la cortesía del espanto. Y donde, para él, los recuerdos son vivencia. Como el tango y como Carlos Gardel.
 
Seguí,"Cuando te vuelva a ver"
¾¿Quién es Carlos Gardel?
¾Es la tapa de El Alma que canta sobre la cama de las chicas del servicio de casa de mis padres. Enorme sonrisa y tragacanto al por mayor, con dos gotas de colonia de la Franco Inglesa. Algunas veces lo vieron en las afueras de Tacuarembó con el rostro cubierto de vendajes, sombrero negro y
una  sonrisa que no podía ser sino la suya. Otras, a 80 kilómetros de Medellín, con el rostro desfigurado, la dentadura intacta y acompañado de un guitarrista rubio que parecía un ángel. Gardel fue el testigo de mis primeros sobresaltos amorosos. De mis primeros mates con una cascarita de naranja, que tomé con la misma sensación que años después sentí cuando fumaba mi primer cigarrillo de marihuana.


¾Su obra se nutre de las imágenes del tiempo niño. 
Hablo de los juguetes de madera de la época de la Segunda Guerra Mundial, de los gauchos de los almanaques, del San Martín de la revista “Billiken”...
¾Sí, yo creo que la mayor parte de mi trabajo es producto de la memoria de mi infancia; allí está la raíz de mi sentido lúdico y la del humor, en Córdoba. En la revista Leoplan me inspiré para la serie de Felicitas Naón con la cual participé en la Bienal de los Jóvenes de París, que fue un poco el motor que me dejó anclado en esta ciudad. Más tarde hice la serie de A usted, de hacer la historia y los objetos en tres dimensiones que provenían directamente de Billiken.

¾Como espejos de parques de diversiones, ¿los recuerdos lo revelan y explican su obra?
¾Sí, hay parte de “mis archivos” que me ayudan a reconstruir la historia de mi infancia. Pienso, por ejemplo, que el muro que pinté en  Boulogne-sur-Mer también tiene origen en mi niñez, y que mi recuerdo de un rompecabezas de temas marinos me llevó a hacer aquel muro cerámico de Lisboa. Y luego las casitas por aquí y por allá de la serie Los Barrios fueron como aquellas que yo pintaba de muy chico, cuando acompañaba a Ernesto Farina en la Córdoba barranquera. Apenas instalábamos nuestros caballetes, salían de las casitas chicos y grandes que se nos acercaban y nos preguntaban: “¿Tai Pintando?”, “No, estoy tomando gotas”, les contestaba Ernesto... y al rato se iban, bastante desilusionados. ¡Si todavía me parece verlos!

¾En su obra, el humor da la impresión de ser un guiño de la inteligencia.
¾No me gustan las definiciones... usted ya sabe.

¾Me hablaba del alimento nutricio para su trabajo...
¾Digamos que mi alimento fueron las tiras cómicas, las caricaturas políticas de cuando era niño, los almanaques de Alpargatas que traía mi padre ¡y tantas cosas de entonces que me vienen ahora a la cabeza! Y es que en la Argentina nunca fuimos escasos como fabricantes de sonrisas, y eso es algo a reivindicar, porque no debemos apartarnos de nuestras virtudes. ¿Cómo olvidar, además, cuántas veces Molina Campos me hizo soñar?

¾En sentido opuesto, recuerdo aquellos hombres de 1977 en sus pinturas, solos y casi siempre frente a un muro, como en “La distancia de la mirada”. ¿Son una profecía del siglo XXI?
¾No..., pero a veces las circunstancias relegan los juegos, y el humor se ensombrece. Entonces aparecen series como esta que usted menciona y que yo hice en el período 1976-77; o como los Paisajes de la pampa, que empecé después de la muerte de mi padre. En aquellos momentos no hubiera podido hacer otra cosa.

¾Precisamente, hoy el mundo tiene tanta desolación como sus “Paisajes de la pampa”. Y en sus obras, los pavimentos y los hombrecitos narigones, solos e inquietantes, interrogan al universo. ¿Cuál es la raíz de su visión  plástica?
¾El humor y cierta mirada irónica de la sociedad a la que pertenezco, y de la que en cierta manera me siento excluido, son el cordón umbilical de mis cosas. Pero esto no es nuevo: lo arrastro desde mis primeros pasos por las escuelas de Bellas Artes de Córdoba. Y desde fines de los ’50 yo trabajé por series, que tienen un número indeterminado de obras, y para cada una de ellas adapto la técnica que empleo. Así es que saltar de una a otra, o dejar espacios para mi trabajo gráfico, para el dibujo o para la escultura, me beneficia. De esta forma, evito la fatiga y conservo una frescura que no sé si lograría de otro modo.

¾De alguna manera se siente excluido, me dice, y se me ocurre que es así porque hoy vemos muchas “instalaciones” y “performances” y se habla de “arte digital’, y  todo eso parece ajeno a usted.
¾Desde principios de los ‘60 las instalaciones forman parte del abecedario del mundo
de la plástica. Hay cosas que se mantienen y muchas que han desaparecido. Pero
reconozcamos que los 
nuevos útiles de trabajo que se presentan a las nuevas generaciones,
y que evolucionan día a día, despiertan la curiosidad de cualquiera.

¾¿Las instalaciones son pintura, o hay que escuchar a quienes pronostican, de nuevo, la muerte del arte?
¾Yo pienso que, en la integración con la arquitectura y en la construcción de grandes espectáculos, las instalaciones juegan un rol preponderante. Pero la pintura es otra cosa. La pintura tiene acción física y tiene el placer de hacer. La complicidad de las manos y lo que hay dentro de la cabeza. La necesidad de dejar una marca sobre un soporte o de aplastar con los dedos un pedazo de cera, que puede transformarse en escultura. Por eso... aunque hablen de muerte de la pintura... ¡No! Mientras existan hombres que tengan las mismas necesidades que las mías, la pintura existirá.

¾¿Qué diferencia las instalaciones de los ’60 de las del siglo XXI?
-Yo diría que las exposiciones de ese carácter en las que participé entonces tenían un objetivo. Queríamos hacer rabiar a los viejos y divertirnos por nuestro lado. El humor era el común denominador de aquellas muestras y la risa siempre es saludable, ya sabe usted. Pero, con el tiempo, la semántica se altera y lo que en nuestra época valía para hacer rabiar a los viejos, hoy son las banderas del arte oficial. Aquí y allá.

-Usted no tiene banderas, no responde a modas ni a “ismos”,  a pesar de tantos que le atribuyeron.  Años ha, y según los amantes de los rótulos, fue americanista, informalista, surrealista, neofigurativo, pop, expresionista y tanto más...”o  menos”, pues los rótulos encorsetan. ¿Será que la fidelidad a sus propias voces es su único “ismo”?
"Sugiriendo el desastre"
¾Como usted sugiere, nosotros hacemos nuestras cosas y otros se 
preocupan por encasillarnos. Y claro que todo aquello que nos conmueve, influye en nuestro trabajo y que nadie es un producto de generación espontánea. Pero yo nunca creí en las clasificaciones dogmáticas, y me parece horrible que el espectador me identifique por ciertos tics o maneras de hacer. No. Ni soy consciente de “pertenecer”, ni fue mi intención.

¾Talento y libertad suelen pagar precios. Por ejemplo, cuando Emilio Pettoruti se molestó porque su obra, recién llegado usted a París y muy joven, fue reconocida. Y ya le había ocurrido algo similar en México con David Alfaro Siqueiros, aunque esta relación  cambió después, en Europa...
¾Así es, pero tan sólo son recuerdos que reservo como anécdotas y no demasiado más. Nunca llegué a conocer a Pettoruti, y con Siqueiros pude entender, perfectamente, que él detestara lo que yo hacía en México entonces. De todos modos, se reconcilió cuando vio mis dibujos expresionistas, que continué  al margen de los otros grandes cuadros abstractos con costurones y rasgaduras. Pero... sí, creo que pagué precios.
¾¿Cómo es eso?
¾Quiero decir que el más caro, y esta vez en sentido absolutamente literal, fue en 1970 en el Musée d’Art Moderne de la Ville de Paris. Yo había sido invitado a presentar una selección de todo mi trabajo gráfico, del ‘63 al ‘70. En aquel momento estaba acá mi viejo amigo, Ed Shaw, quien me ayudó con la colgada de las obras. El día del vernissage, comimos algo en un restaurante de los alrededores y antes de ir a ponernos elegantes decidimos dar un último vistazo a la muestra...

¾Elegantes y sencillos... se trata de estilo. ¿Qué ocurrió con ese último vistazo?¾Que cincuenta metros antes de la entrada nos sobresaltó una tremenda explosión. Nubes espesas y amarillentas salían de las puertas del museo. Mucha gente corría, otra escapaba despavorida por las puertas de seguridad, y nosotros no entendíamos nada. Hubo unos minutos de espera y luego, entre personas que se sacudían el polvo, supimos que todo el cielorraso de mi sala se había desprendido. Más de cien cosas con sus correspondientes marcos en aluminio anodizado, passe-partout de seda crema y plexiglás, yacían en mil pedazos mezclados con paneles de yeso y cables del sistema eléctrico. Ni el museo tenía seguros para estas exposiciones temporales, ni yo había tenido la precaución de contratarlos.
"À vous de faire l'histoire"

¾Aparte de esto pagó otros precios en el sentido en que hablábamos antes, pero,  sin haber hecho concesiones, usted tiene su lugar en el ámbito de la gran pintura. Y, ya que estamos, no olvido cómo su nombre dio casi la vuelta al mundo, también por su obra “Sugiriendo el desastre”.
¾ ¡Pero, como se imaginará, aquella fue una anécdota rarísima!  En el ‘98 había hecho una muestra en la Maison de l’Amérique Latine y en la Galerie Marwan Hoss. Expuse arte precolombino que yo tengo, y tres cuadros: Esperando el avión negro, Cuando el avión negro sale, y Cuando pasó el avión negro. Los dos primeros se vendieron y el último ¾que no tenía el título atrás¾ quedó, y lo guardé en un rinconcito. Después, cuando se hizo la FIAC 2001, quise mostrar el cuadro pero, lógicamente, había que ponerle un título nuevo, y lo llamamos Sugiriendo el desastre. Es el cuadro que ilustró la invitación alargada para esta muestra.... Mire... ¿ve? Es éste. Pero fíjese en la fecha... dice del 10 al 15 de octubre de 2001, en la Galerie Claude Bernard. Mientras tanto, llegó el 11 de Septiembre, y hasta el día de hoy la gente sigue creyendo que yo lo pinté después... y a propósito.

¾¿Tal vez por eso de lo anticipatorio del arte?
¾ Bueno... yo no diría tanto, sólo que aquello me parece curioso..

¾Pienso ahora  en “La lección de anatomía del doctor Tulp”, de Rembrandt, una suerte de retrato del “establishment” de médicos neerlandeses del siglo XVII, que inspiró en usted no pocas obras satíricas. En estos días, durante mi paso por galerías de París y de otras ciudades de Europa, vi pocas expresiones genuinas de pintura, en realidad más moda que pintura, mientras que para muchos buenos artistas no es fácil exponer. ¿Existe un “establishment” dentro del arte, que abre o cierra caminos?
¾Mire, buenos pintores con dificultades para entrar en el mercado del arte, hubo siempre. Y a veces yo no lo comprendí. Pero quizás el establishment desempeñe, ahora más que nunca, un rol preponderante para la carrera de algunos artistas. Por otra parte, ya sabemos que París tiene hoy el mismo esquema que las otras grandes ciudades del arte, como Nueva York o Londres. Aquí, el arte contemporáneo, por ejemplo, está en los alrededores de la Bibliothèque François Mitterrand; la zona del Marais está dedicada a gente más o menos de mi generación, tal como, con algunos exponentes aislados, el distrito dieciséis o Saint-Germain. Entre unos y otros, horrores, como en todos lados.

¾Y en Argentina, ¿cómo repetir aquella fecundidad de finales de los años cincuenta y casi todos los sesenta, con el apoyo al arte de un Jorge Romero Brest, un Aldo Pellegrini o un Hugo Parpagnolli, y con tantos y buenos artistas como entonces?
¾Es que la cultura ¾que se desarrolla inmediatamente cuando la sociedad vive períodos plenos¾ nunca fue prioritaria en Argentina. Entonces  aparecen siempre organismos y fundaciones que reemplazan el rol del Estado. En mi época, la Fundación Di Tella jugó ese papel, no solamente en las artes plásticas sino también en el teatro y en la música. Como usted recordará, su interrupción se produjo inmediatamente después del golpe de estado contra el doctor Arturo Illia; y quienes tanto reclamaron en su momento la intervención militar, tanto se arrepintieron después.

¾Pensaba en Córdoba y en una generación de artistas que parece irrepetible. La suya, que es también la de Eduardo Bendersky,  Marcelo Bonevardi, Ernesto Farina, José “Bepi” De Monte, Pedro Pont’Verges, Diego Cuquejo.... Y sin duda hay artistas valiosos de las generaciones posteriores, y también entre los jóvenes y los adolescentes. Pero aun así, parece que después de ustedes se hubiera detenido la historia...
¾Es verdad que aquella generación había hecho exposiciones en Córdoba y en Buenos Aires; y en el ’55, cuando volví de Europa, sus artistas constituían el grupo más activo. Pero no es menos cierto que durante diez años la cultura argentina vivió en secreto. Y a partir de la llegada de la democracia, una cantidad de artistas jóvenes, pintores, escultores y objetistas, han llenado ese vacío. Córdoba tiene hoy la primera galería cuya arquitectura estuvo prevista para ese fin. Los museos están sin medios económicos ¾como de costumbre¾,  pero se hacen cosas: están activos. Y las escuelas de arte están invadidas de alumnos, lo cual no ocurría en mis tiempos.

¾Usted hizo sus primeras exposiciones en Córdoba y en Buenos Aires, en 1957 y 1961, respectivamente, pero, claro, después de haber sido reconocido en Europa. Y así actúa Argentina con sus artistas y científicos: nada les da cuando están surgiendo y después se atribuye el mérito de sus triunfos, tan luchados. ¿Es un país expulsivo?
¾Bueno... yo coincido en que todos aplauden al deportista que triunfa fuera del país, mientras que al científico y al artista se les reservan las dudas. Pero la Argentina es como es. Y cuando una luz de esperanza ilumina un poco el camino, todos nos ponemos contentos. Como ahora, sin saber demasiado por qué. Pero somos un poco así, y así tenemos que asumirnos.

¾Desde 1962 vive en París, pero conserva costumbres criollas como el mate y el asado, y Córdoba no es en usted recuerdo, sino vivencia.
¾Le voy a decir, como si fuera un psicoanalizado, que ya resolví el
problema de Dios y que resolví el problema de la madre. Pero el de
Córdoba  me queda pendiente.


¾¿Es su tierra la de aquello de “ porque me muero si me quedo / pero me muero si me voy”, como dice la canción de María Elena Walsh?
¾Vea, yo me fui de muy joven y muchas veces pensé en volver y dejar mis huesos en Villa Allende (Córdoba), pero lo fui postergando. Quizás porque estar aquí o estar allá, bueno... mi ritmo es parecido, mi taller de París es lo que llaman allá un “quincho”; el asado de tira que consigo aquí es a veces mejor que el de allá; antes aquí era una complicación encontrar yerba y alguna vez tuve que comprarla en una farmacia, pero ahora hay en todos lados; y del vino, que indudablemente en la Argentina ha mejorado mucho,  ¡prefiero no hablar!

¾Usted creó el Centro de Arte Contemporáneo en el Chateau Carreras, de Córdoba. ¿Qué lo impulsa a abrir las manos en tiempos de puños cerrados e individualismo?
¾Ya sabe usted que estando yo aquí, y tradición judeo-cristiana de por medio, siempre me sentí en falta. Y una forma de expiación fue haber querido inventar aquel centro de arte, aunque  mi intención era bien otra, en relación a cómo han transformado ahora ese lugar.  Mire... yo creo que fue la única vez que perdí con resignación y rabia al mismo tiempo, porque estoy convencido de que mi idea era buena.

¾Usted es un dador: también donó trescientas treinta y una de sus obras al Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, en 2001.
¾Sí, porque me lo sugirió la directora, que es una vieja amiga, y digamos que naturalmente yo soy lo opuesto de un tacaño.

¾¿Será que en algún aspecto, y para bien, no creció y conserva al niño...
a aquel que veía esconderse el sol, a la par que el paisaje de Córdoba se cubría de langostas, como dijo alguna vez?
¾Si crecí, no sé..., pero que la memoria del niño está intacta, se lo aseguro.
Siento hasta el olor a cera de los suelos de aquellos corredores que nos llevaban a la sección “niños” de Gath & Cháves. Aquel olor a eucaliptus
de los ascensores de casa Tow, el sabor del jamón York en el
restaurante del Hotel Bristol, adonde íbamos seguido con mi abuela... y donde había que comer despacito y dejar algo para que el camarero no se llevara el plato vacío.  ¡Y los domingos... ! Ah... los domingos eran las medialunas con chocolate espeso de La Oriental y pasar por la panadería Europea a recoger los merengues de crema chantilly...

El Tropezón

¾Claro, en la calle Nueve de Julio, de Córdoba.... Era un rito.
¾¡Sí! Y más tarde íbamos directo a la Cancha de Belgrano, donde a veces perdíamos y a veces ganábamos. Y después llegó Perón, a quien por diferentes razones nunca pude comprender; y llegaron mis viajes, y la aventura. Y descubrí que mi vida había transcurrido sin tropiezos. Y que para otros, para los más, la cosa era más difícil; y que yo no podía hacer a full en Córdoba aquello que quería. Y entonces... entonces me vine sin venirme, y me quedo sin quedarme.

¾Antonio, ¿dónde está  y qué es eso que llaman “patria”? ¿Es la Córdoba de su nacimiento, con ese calidoscopio de imágenes que lo revelan y explican? ¿Se trata, acaso, de sus maestros: José Gutiérrez Solana o los alemanes Otto Dix y George Grosz...?
¾ La patria, la patria... ¿Qué es? ¿Dónde está ? ¿Es donde uno nació, donde las raíces están bien establecidas, donde la infancia transcurrió sin demasiados apremios? ¿Es el lugar donde pude hacer y vivir de mi pasión, la pintura...?

¾¿...Es decir que ”patria” podría ser este París de sus últimos cuarenta años y de su consagración como artista?
¾Vea... yo nunca tuve problemas de desarraigo, pero le diría que estando aquí extraño Córdoba, y en Córdoba extraño París. Es como estar sentado en dos sillas, aunque para pasar de una a otra es necesario un vuelo de Air France que dura trece horas.

¾En 1983 me dijo que algún día viviría en Ibiza, o en Cartagena, o en Nueva York, o en Puerto Rico, o en Jamaica o en Colonia (Uruguay). Ahora parece que está llegando ese día: ¿qué lugar lo cobijará al fin?
¾Cuando me lo preguntó entonces, seguramente yo no tenía muy madura la respuesta, y hoy por hoy excluiría las ciudades que le dije en aquel momento. Para cerrar el círculo, me inclinaría por Córdoba. Pero no me apure, voy a decidirlo cuando sea grande.

Cristina Castello, en  «Cuadernos Hispanoamericanos» - Madrid. Año 2004
Antonio Seguí (Córdoba, Argentina, 1934) vive en París desde 1963 y  es uno de los artistas plásticos más internacionales de su país. En 1958 viajó a México ¾donde conoció a David Alfaro Siqueiros¾, en el intento de encontrar una pintura que le permitiera desentrañar la esencia de América Latina.  Se desilusionó. Vio en los seguidores de los muralistas una imagen “remanida, académica y casi comercial”.  En 1963 expuso en la Bienal de Pintura Joven de París, y desde entonces se sucedieron premios y honores. Entre tantos, representó a la Argentina en la Bienal de Venecia; ganó el Primer Premio en el Museo de Lodz (1967), la Medalla de Honor en la VIII Bienal de Grabado de Cracovia (1986) y el Gran Premio Fondo Nacional de las Artes (Buenos Aires, 1990).
Aunque vivía en París, no pocas veces lo amenazó de muerte la dictadura militar que tomó el poder en Argentina en el período 1976-1983;  y en 1982 una ráfaga de ametralladora le abrió la cabeza, en su propia casa. Era el estilo de aquellos militares, con quienes no renuncian a  la libertad, a la paz,  ni a la democracia y cometen el “pecado” de la inteligencia.